June 2011
Un portazo me despertó, el frio entraba en mi corazón por un momento, baje las escaleras corriendo rápidamente, ya te habías ido, corrí detrás, alto! alto! gritaba pero no vi a nadie, seguí calle abajo, te buscaba por todos lados, todo estaba vacío, me sentí profundamente solo , ¿por qué me habías dejado? ¿qué había echo mal esta vez? la noche estaba helada y los postes apenas alumbraban las oscuras calles, fui a casa corriendo, como nunca antes lo había echo, tome el teléfono y marque tu número, ocupado. No sabía qué hacer, era seguro , no me querías ver, una rabia y tristeza emanaba de mi pecho, salí al balcón y mire la luna, el viento estaba fresco y las estrellas lucían nítidas, presionaba mis manos contra el balcón, ¿por qué me habías dejado? me volvía a preguntar.
Volví a marcar el teléfono, ocupado otra vez, desesperado me puse una chaqueta sobre el pijama y con unas pantuflas partí en plena noche tu búsqueda. ¿A dónde debía ir? comencé por ir al parque, solías ir ahí todas las tardes, de seguro estarías pensando sobre algún banquito de esos donde solíamos tomar helado los veranos. Cuando llegue estaba tan vacío como mi cochinito, ni un alma se podía ver, sentí como mi corazón se vaciaba de toda esperanza, me senté en un banco y comencé a pensar nuevamente en donde podrías estar, de pronto recordé el viejo parque de atracciones, donde me habías regalado aquella tarjeta. Nuevamente emprendí una carrera aunque mi estado físico no era el mejor, tropecé con un charco de agua y caí en el barro, me levante y seguí corriendo, mi pijama me quedaba algo grande, y comenzaba a colarse el aire frio dentro del.
Ya había llegado, parecía parque fantasma más que de diversiones, habían papeles y carteles votados por todas partes, veía el carrito de las palomitas, recuerdo que te encantaban siempre terminabas devorándote mi bolsita, camine más adentro y vi aquella rueda donde giran esas mini habitaciones, nunca supe cómo se llamaba, por mucho que me repitieras el nombre. recorrí lentamente todo el parque y a medida que mis pasos sonaban en el húmedo suelo, recordaba cada instante que habíamos pasado en varias ocasiones allí. Después de un buen rato me resigne en encontrarte ahí y decidí ir al puerto, si, era el único lugar donde podría encontrarte.
Otra extensa carrera comenzó, no paraba de correr ya casi exhausto, cuando llegue estaba tan vacío como en los lugares anteriores, ¿dónde demonios estabas? en un tren viajando muy lejos de mí, de mí que te amaba tanto… rendido y friolento me lance al suelo, mis lágrimas brotaban de mis ojos como aquellas gomas de mascar con jugo dentro, esas que me encantan y que siempre ponías en mi boca cuando pasaba mucho tiempo escribiendo en el jardín. Comenzaba a amanecer y mis pantuflas estaban echas un desastre al igual que mi pijama.
Volví a casa con pasó ligero, entre con una melancolía profunda, abro la puerta a mi habitación cuando el sol la iluminaba completamente, veo un pastelito rosa con una pequeña frambuesa en la punta encima de mi mesita, eso lo explicaba todo. Pasé el dedo y probé la crema, mis mejillas enrojecieron y tranquilamente me deje caer en la cama para dormir plácidamente, como cualquier otro día.










